Saber quién es, de dónde viene y hacia dónde va, ha sido siempre la aspiración fundamental del hombre.

A esa necesidad primordial responde la Gnosis. El término griego "Gnosis", significa conocimiento. Conseguir el conocimiento integral de sí mismo y del Universo, de nuestro destino material y espiritual, es el verdadero objetivo de los estudios gnósticos.

Sin embargo, es claro que no podemos acceder a ese conocimiento utilizando los medios intelectuales ordinarios, la teorización o las simples creencias. Incuestionablemente, el conocimiento gnóstico escapa siempre a los normales análisis del racionalismo subjetivo...

El intelecto, como instrumento de cognición, es insuficiente, terriblemente pobre. Distingase entre intelecto y conciencia. Al intelecto se le educa intelectualmente; a la conciencia se le educa con la dialéctica de la conciencia.

No debemos nunca confundir al intelecto, o a la memoria, con la conciencia, pues son tan diferentes como la luz de los focos del automóvil lo es en relación a la carretera por donde vamos.

El conocimientio gnóstico está relacionado con la intimidad infinita de cada uno de nosotros, con eso que aún no tenemos encarnado: con el Maestro Interno, con el Ser.

La auténtica sabiduría pertenece al Ser. El auto-conocimiento del Ser es un movimiento supra-racional que depende de Él, que nada tiene que ver con el intelectualismo.

Sólo la conciencia puede conocer Eso que es lo Real, Eso que es la Verdad; solo la conciencia puede penetrar en el fondo legítimo del Ser.

Desgraciadamesnte, nuestra conciencia duerme; está enfrascada, embutida, embotellada entre millares de "defectos psicológicos" que la tienen completamente condicionada.

El auto-conocimiento, la Auto-Gnosis -o conocimiento experimentado por la conciencia-, implica la aniquilación del "Yo" como trabajo previo, urgente, impostergable.

El "Yo", el "Ego", el "mi mismo" (odios, codicias, ambiciones...), limita nuestra capacidad cognistiva, no nos permite saber quienes somos, de dónde venimos y hacia donde vamos...

La Gnosis es, fundamentalmente, una actitud frente a la vida. A causa del "Yo" nuestra actitud frente a la vida suele ser equivocada. La Gnosis aspira a restituir, dentro de cada uno de nosotros, la capacidad para aprender a vivir conscientes e inteligentemente. Mas esto no es posible si no trabajamos sobre si mismos, si "algo" no muere en nosotros.

En toda auténtica transformación existe muerte y nacimiento a la vez. Cada uno de nosotros lleva en su interior una creación equivocada; es indispensable destruir lo falso para que surja en verdad una nueva creación. "Si el grano no muere, la planta no nace"; cuando la muerte del "Yo" es absoluta, eso que ha de nacer es también absoluto.

Necesitamos crear al Hombre dentro de nosotros mismos, aquí y ahora. El verdadero Hombre no es el producto de la mecánica evolutiva, ni surge de alguna creencia o teoría. El Hombre real nace dentro de nosotros cuando hemos aniquilado, a base de trabajos conscientes y rectos esfuerzos, todos los factores psicológicos que nos convierten en "animales intelectuales"...

El gnóstico sincero anhela un cambio radical, total y definitivo; siente íntimamente los secretos impulsos del Ser; de allí su angustia, rechazo y embarazo frente a los diversos "elementos inhumanos" que constituyen el "Yo".

La conciencia egoica se procesa dolorosamente en virtud de su propio condicionamiento. Esto significa que las diversas formas del Conocimiento: la Ciencia, la Filosofía, el Arte y la Religión, se desvirtúan, se subjetivizan...